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Thursday, October 28, 2021

Una alarma se disparó en el vuelo turístico de SpaceX. ¿El culpable? El inodoro

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Tras el éxito de Inspiration4, ¿qué sigue para SpaceX? 1:17

Nueva York (CNN Business) —  Mientras Jared Isaacman y sus tres compañeros de tripulación volaban libremente por la órbita de la Tierra, protegidos del implacable vacío del espacio por nada más que una cápsula de fibra de carbono de 4 metros de ancho, una alarma comenzó a sonar.

Los sistemas de la nave SpaceX Crew Dragon avisaron a la tripulación de un problema “importante”, dijo Isaacman. Habían pasado meses estudiando los manuales de SpaceX y entrenándose para responder a las emergencias en el espacio, así que entraron en acción, trabajando con los controladores de tierra de SpaceX para determinar la causa del error.

Resultó que la Crew Dragon no estaba en peligro. Pero el inodoro a bordo, sí.

Nada en el espacio es fácil, ni siquiera ir al baño. En un ser humano sano en la Tierra, asegurarse de que todo acabe en el inodoro suele ser una cuestión de simple puntería. Pero en el espacio, no hay sensación de gravedad. No hay garantía de que lo que sale vaya a parar a donde debe. Los residuos pueden ir, y van, en todas las direcciones posibles.

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Para resolver ese problema, los inodoros espaciales tienen ventiladores en su interior, que se utilizan para crear succión. Esencialmente, sacan los residuos del cuerpo humano y los mantienen almacenados.

Y los ventiladores del “sistema de gestión de residuos” de la nave Crew Dragon estaban experimentando problemas mecánicos. Eso es lo que hizo sonar la alarma que escuchó la tripulación.

Scott “Kidd” Poteet, un director de la misión Inspiration4 que ayudó a supervisar la misión desde Tierra, avisó a los periodistas del problema en una entrevista con la cadena CBS. Poteet y el director de Gestión de la Misión de la tripulación de SpaceX confirmaron más tarde que había “problemas” con el sistema de gestión de residuos en una conferencia de prensa, pero no entraron en detalles, lo que desencadenó una ola inmediata de especulaciones de que el error podría haber creado un desorden desastroso.

Sin embargo, cuando se le preguntó directamente al respecto el jueves, Isaacman dijo: “Quiero ser 100% claro: no hubo problemas en la cabina en absoluto en lo que se refiere a eso”.

Pero Isaacman y sus compañeros de viaje en la misión Inspiration4 sí tuvieron que trabajar con SpaceX para responder al problema durante su estancia de tres días en órbita, durante la cual experimentaron numerosos cortes de comunicaciones, lo que pone de manifiesto la importancia del exhaustivo régimen de entrenamiento de la tripulación.

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“Diría que probablemente alrededor del 10% de nuestro tiempo en órbita no tuvimos [comunicación con la Tierra], y fuimos una tripulación muy tranquila y centrada durante eso”, dijo, añadiendo que “la fortaleza mental y un buen estado de ánimo y una buena actitud” fueron cruciales para la misión.

“El aspecto psicológico es un área en la que no puedes arriesgarte porque… obviamente hubo circunstancias que sucedieron allí arriba donde si tenías a alguien que no tenía esa fortaleza mental y comenzaba a reaccionar mal, eso realmente podría haber echado por tierra toda la misión”, dijo Isaacman.

SpaceX no respondió a las solicitudes de comentarios de CNN Business.

La anécdota del inodoro también pone de manifiesto una verdad fundamental sobre la humanidad y sus ambiciones extraterrestres: no importa lo pulido y brillante que podamos imaginar nuestro futuro espacial, las realidades biológicas permanecen.

La historia del excremento en el espacio

Isaacman se mostró tímido, como numerosos astronautas antes que él, al momento de hablar de la “situación del baño”.

“Nadie quiere entrar en los detalles escabrosos”, dijo Isaacman. Pero cuando la tripulación de Inspiration4 habló con algunos astronautas de la NASA, dijeron que “usar el baño en el espacio es difícil, y hay que ser muy –¿cuál era la palabra?– muy amable con los demás”.

Añadió que, a pesar de los problemas con el baño a bordo, nadie sufrió ningún accidente ni humillación.

“No sé quién los entrenó, pero fuimos capaces de trabajar y arreglar [el inodoro] incluso en circunstancias inicialmente difíciles, así que nunca hubo nada, ya sabes, en la cabina ni nada parecido”, dijo.

Sin embargo, averiguar cómo hacer sus necesidades de forma segura en el espacio fue una cuestión fundamental que se planteó en los albores de los vuelos espaciales tripulados hace medio siglo, y el camino hacia el método adecuado no estuvo exento de errores.

Durante la misión Apolo 10, de 1969, la que vio a Thomas Stafford, John Young y Eugene Cernan circunnavegar la Luna, Stafford informó al control de la misión el sexto día de la misma de que un trozo de excremento estaba flotando por la cabina, según documentos gubernamentales que en su día fueron confidenciales.

“Dame una servilleta, rápido”, dijo Stafford según los registros, apenas unos minutos antes de que Cernan encontrara otro: “Aquí hay otro maldito excremento”.

El proceso de recolección de heces en aquella época, según reveló posteriormente un informe de la NASA, consistía en una bolsa de plástico “extremadamente básica” que se “pegaba a las nalgas”.

“El sistema de bolsas fecales era marginalmente funcional y fue descrito como muy ‘desagradable’ por la tripulación”, reveló posteriormente un informe oficial de la NASA de 2007. “Las bolsas no proporcionaban ningún control de olores en la pequeña cápsula y el olor era prominente”.

Los inodoros en el espacio han evolucionado desde entonces, gracias al arduo esfuerzo de los científicos de la NASA, como dijo la periodista Mary Roach, autora de “Packing for Mars”, a NPR, en 2010.

“El problema aquí es que tienes este inodoro espacial muy elaborado, y necesitas probarlo. Bueno, tienes que, ya sabes, llevarlo a Ellington Field, subirlo a un simulador de gravedad cero (un avión que hace estos elaborados arcos arriba y abajo) y luego tienes que encontrar algún pobre voluntario de la Oficina de Gestión de Sistemas de Residuos para probarlo. Y no sé tú, pero, quiero decir, hacerlo a voluntad en 20 segundos, eso sí que es pedirle mucho a tu colon. Así que es muy elaborado y complicado”.

Y, según escribe Roach en “Packing for Mars”, el entrenamiento de los astronautas para ir al baño no es cosa de risa.

“El simple acto de orinar sin gravedad puede convertirse en una emergencia médica que requiera un cateterismo y vergonzosas consultas por radio con los cirujanos de vuelo”, escribió. Y como la orina se comporta de forma diferente dentro de la vejiga en el espacio, puede ser muy difícil saber cuándo hay que ir.

Adaptación al espacio

El cuerpo humano está diseñado evolutivamente para la vida en la Tierra, con su gravedad, aire rico en oxígeno y ciclos ecológicos predecibles. No está diseñado específicamente para flotar desorientado en la ingravidez, un hecho que ha provocado que numerosos astronautas experimenten náuseas, especialmente durante los dos primeros días en órbita.

“Vomité a los 93 minutos de mi primer vuelo”, dijo a un periodista el astronauta de la NASA Steven Smith, veterano de cuatro misiones del transbordador espacial. “Esa fue la primera de las 100 veces en los cuatro vuelos. Es extraño ir a un trabajo en el que sabes que vas a vomitar”.

La NASA tiene un término formal para esta enfermedad: el Síndrome de Adaptación al Espacio, que en un documento estima que han experimentado alrededor del 80% de los astronautas.

Isaacman dijo que durante la misión Inspiration4 no sintió la necesidad de vomitar. Pero adaptarse a la microgravedad puede ser incómodo.

“Es una sensación de agitación en la cabeza, como cuando te cuelgas boca abajo en la cama”, dijo a CNN Business. “Pero tienes que encontrar la manera de ignorarlo y superarlo… Alrededor de un día después, se equilibra y no lo notas tanto”.

No todos sus compañeros tuvieron la misma suerte. Hayley Arceneaux, de 29 años y superviviente de cáncer, que era la médico a bordo del Inspiration4, tuvo que administrarse inyecciones de Phenergan, un antihistamínico que se utiliza para tratar el mareo para combatir las náuseas, dijo Isaacman.

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El hecho ineludible es que los seres humanos seguirán luchando contra los malestares mientras sigamos mirando al espacio y viéndolo como un lugar al que debemos ir. Por eso muchos periodistas, entre ellos Roach, han cuestionado nuestra tendencia a idealizar los viajes espaciales y a restar importancia a las duras realidades y riesgos.

Pero a pesar de la incomodidad, Isaacman dijo que no se arrepiente de su decisión de gastar unos US$ 200 millones en un vuelo espacial de tres días.

“Espero que esto sea un modelo para futuras misiones”, dijo, y añadió que cree en la misión de SpaceX de apoyar eventualmente colonias enteras de personas viviendo en el espacio exterior.

Durante su vuelo dijo, “me sentí realmente motivado y lleno de energía sobre la idea de que tenemos que seguir empujando y llegar cada vez más lejos”.

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