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Wednesday, April 14, 2021

¿Qué hay después de Lava Jato?

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Mirko Lauer

Mirko Lauer

Observador

Más que un juicio absoluto en blanco y negro, lo que corresponde a Lava Jato entre nosotros es un balance matizado. ¿Cuándo será el buen momento para comenzarlo?

Siete años después de lanzada, el cierre de la operación Lava Jato viene tolerando varias lecturas. El gobierno dice que es solo “el fin de un formato”, pero que el combate contra la corrupción sigue. Para otros es simplemente un retroceso y el triunfo de la corrupción, una maniobra de Jair Bolsonaro camino de su reelección.

En cualquier caso, el cansancio era evidente. Las revelaciones de The Intercept sobre la parcialidad del juez Sergio Moro contra Lula da Silva; el descaro de las negociaciones comerciales con los delatores; la multiplicación de los personajes incongruentes. Todo esto volvió impopular a la investigación misma, y de paso sus resultados.

Sin embargo Lava Jato reveló un nuevo mapa de la corrupción en América Latina, al poner bajo los reflectores la debilidad moral de una gran cantidad de presidentes y en consecuencia la fuerza política de las grandes empresas. Quedó en evidencia que la constructora Odebrecht llegó a tener la influencia regional que Brasil como país nunca ha tenido.

El cierre de Lava Jato abre oportunidades, algunas tan importantes como la posibilidad de un vuelco en la situación legal de Lula. Por lo pronto la defensa ya se ha puesto en movimiento en el caso del departamento que puso a Lula en la cárcel. Sin embargo, el beneficio para Lula de la nueva situación no parece tan automático.

En los demás países del universo corruptivo de Odebrecht el cierre de la operación no ha tenido gran impacto. El tiempo transcurrido ya había desgastado el celo moralizador del público. En el caso peruano la pobreza de resultados incluso ha incubado desánimo y sospecha. No por la inocencia de los acusados, sino por la inoperancia de los fiscales.

Pero es importante tomar en cuenta que los equipos de Curitiba fueron importantes alimentadores de la actividad judicial en el Perú. Sin ellos los delatores de Odebrecht (como en el caso de Jorge Barata) quizás se guarden lo que resta de sus soplos. Por momentos parece que ya lo han hecho. Aquí Lava Jato languidece sin clausura.

Más que un juicio absoluto en blanco y negro, lo que corresponde a Lava Jato entre nosotros es un balance matizado. ¿Cuándo será el buen momento para comenzarlo?

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