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Monday, October 25, 2021

OPINIÓN | Ecuador está ante un dilema: volver a un pasado que ya no existe o apostar a un cambio

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Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España, y fue asesor de los presidentes Alejandro Toledo, de Perú; Vicente Fox, de México, y Álvaro Colom, de Guatemala. Izurieta también es colaborador de CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor. José Hernández es periodista colombiano, graduado en periodismo y literatura francesa en Francia – Escuela de Periodismo. Ha sido coordinador general de la redacción del periódico El Tiempo de Colombia, editor General de El Comercio en Ecuador, director de la revista Vanguardia. Actualmente es director del portal 4Pelagatos en Ecuador. Ver más opiniones en cnne.com/opinion

(CNN Español) — Las elecciones presidenciales y de la Asamblea Nacional de Ecuador de este domingo 7 de febrero dirán mucho más sobre las consecuencias políticas de la crisis económica y la pandemia de covid-19 en la región que las últimas elecciones de República Dominicana, Bolivia o las de EE.UU.

Una serie de encuestas de alcance nacional en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y México, realizadas por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica y publicadas en septiembre de 2020, arrojan que la mala situación económica por la pandemia es una de las principales preocupaciones de los habitantes de la región.

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Por momentos, podría percibirse que la gente se está acostumbrando a vivir con el virus, pero en países donde no hay un sustento social básico para esta emergencia, los hogares tampoco pueden sobrevivir sin ingresos. La gente quiere empleo, seguridad y vacunas.

En el caso ecuatoriano, los electores podrían querer incluso volver al pasado. Los años de riqueza producto de un barril de petróleo que llegó a US$ 140 en junio de 2008, generan en parte del electorado nostalgias de la bonanza que administró el entonces presidente Rafael Correa. Esto crea condiciones favorables para que el candidato presidencial promovido por Correa, Andrés Arauz, esté entre los favoritos junto con Guillermo Lasso y Yaku Pérez. Los tres despuntan entre 16 candidatos presidenciales que, por su número, podrían augurar que habrá segunda vuelta. De lo contrario, un candidato tendría que obtener 40% de los votos válidos y 10% más que su seguidor.

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Correa gobernó Ecuador de 2007 a 2017, tuvo lluvia de petrodólares hasta 2014 y mantuvo el mismo nivel de gasto hasta que se fue, gracias al endeudamiento externo. Recibió tanto dinero que su gobierno despilfarró más de US$ 1.500 millones en el terreno donde se suponía se iba a construir la mayor refinería del Pacífico. Allí, el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, puso la primera piedra del proyecto en 2008. Una auditoría realizada con el apoyo de la ONU detectó sobreprecios en 5 obras por US$ 2.450 millones .Y cuando comenzó a escasear el dinero, Rafael Correa emitió un decreto para cambiar la relación de la deuda del Estado con el PIB que, por ley, no podía rebasar el 40%. Así pudo contratar más préstamos.

Correa no podía aspirar a ser reelegido por tercera vez. Presentó entonces a Lenín Moreno, quien había sido su vicepresidente durante seis años y gozaba de mayor popularidad. Esta fue la típica ecuación de poder en la cual alguien gana a nombre de otro. Correa le entregó incluso, ante las cámaras, el programa de gobierno contenido en tres libros con el ánimo evidente de regresar en cuatro años, una vez ajustada la economía.

Lenín Moreno se peleó con Correa desde el primer día de su gobierno. Actualmente Correa, quien reside en Bélgica desde 2017, enfrenta varios juicios y fue sentenciado a ocho años de cárcel por cohecho en abril de 2020. Su candidato es Arauz, economista de 35 años, que desempeñó cargos en su gobierno, sin mayor experiencia, pero enteramente funcional a él.

¿Que tan factible es que gane? Para responder a esa pregunta hay encuestas de todo tipo que son mucho más difíciles de realizar en tiempos de pandemia y crisis (por no decir hartazgo). Pero en Ecuador hay dos factores adicionales: esos sondeos divulgan su metodología, pero no quién las financia y, a diferencia de la elección de EE.UU., donde la intención de voto no se movió mucho en los últimos meses y no había prácticamente indecisos, en Ecuador la mayoría de los electores, además de decepcionados, están fuertemente golpeados por la crisis y la pandemia y han perdido toda esperanza de que la política solucione sus problemas. En todo caso, las encuestas son tan disímiles que algunas apenas atinan a delinear tendencias, no ganadores seguros.

La otra opción es bastante clara y distinta a la vuelta al «socialismo del siglo XXI» que representa Arauz. Guillermo Lasso compite por tercera vez, pues durante 11 años le ha disputado el control político del país a Rafael Correa. Lasso es empresario (accionista de uno de los bancos más importante del país), ofrece capacidad, empleo y mantener con firmeza la dolarización en Ecuador.

Yaku Pérez es un candidato que representa el indigenismo y, en muchos aspectos, las protestas de octubre de 2019 que sacudieron fuertemente a Quito y Santiago. Nadie con viabilidad política representó ese hartazgo o revancha (lo cual es bueno en política, porque esto no se resuelve con violencia) pero el movimiento indígena no tiene en el Ecuador la misma fuerza que en Bolivia, así que es muy probable que no pase a la segunda vuelta.

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Ecuador encara, entonces, la elección del 7 de febrero en medio de un alto nivel de incertidumbre política, al cual hay que agregar dos factores: a pesar que en Ecuador el voto es obligatorio, el volumen de votos nulos y el nivel de ausentismo generado por el miedo al covid-19 pueden ser muy altos. Además, la congregación en los recintos de votación hace pensar que muchos ciudadanos, sobre todo de la tercera edad, lo pensarán dos veces antes de ir a votar.

Las opciones están claras. No hay entusiasmo y Ecuador está ante un dilema: volver a un pasado que ya no existe o apostar a un cambio que busque disminuir los efectos de la crisis económica, sanitaria y moral que siente la sociedad, con un gobierno que tenga capacidad de gestión.

Ese dilema entre correísmo y anticorreísmo lo vive Ecuador desde 2006 cuando fue elegido Rafael Correa.

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