0.1 C
Peru
Tuesday, April 20, 2021

El sentido común

Must read

“… la extendida creencia según la cual todo lo que sea estatal es malo por definición. Que el Estado es culpable de todos los males. Que la corrupción es inherente al Estado”.

Se suele decir que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y también, que el sentido común es lo contrario al conocimiento científico.

Hay que agregar que el sentido común es el más feble y voluble de los sentidos. El único que no tiene permanencia y va cambiando con el tiempo. Así, hasta la independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa, el sentido común occidental afirmaba que la monarquía era el estado natural de las cosas, fundado en el derecho divino de los reyes. Que la esclavitud era natural, pues había razas superiores e inferiores. Que las mujeres, como los otros bienes, pertenecían a los hombres. Y antes aún, era de sentido común torturar y matar a los herejes. El sentido común lo establecen, en cada época, quienes dominan la sociedad.

Hoy, aunque subsisten, solapados, el racismo y el machismo, nadie se atrevería a sostener en público las barbaridades antes mencionadas. Ellas parecen estar en contra del sentido común democrático de nuestro tiempo.

Pero, en nuestro tiempo, hay otras afirmaciones, propias del sentido común contemporáneo que, vistas en perspectivas, son y serán verdaderas barrabasadas. A pesar de lo cual, circulan como moneda corriente, forman el sustrato cotidiano de los medios de comunicación, de las redes y de las conversaciones privadas. Son como el cemento que une los ladrillos de nuestras comunicaciones.

Una de ellas es la idea de que las desigualdades extremas son naturales, debidas solo al esfuerzo o la pereza individuales. Que nadie debe llamarse a escándalo cuando se entera de que el 1% de la población mundial es cada día más rico, ni tampoco cuando se informa que estas diferencias se han acrecentado con la pandemia.

Otra afirmación del sentido común de nuestros días consiste en satanizar al Estado, a partir, sin duda, de muchas malas experiencias de gestión estatal. Se trata de la extendida creencia según la cual todo lo que sea estatal es malo por definición. Que el Estado es culpable de todos los males. Que la corrupción es inherente al Estado, y siempre ajena al incorruptible sector privado. Que el Estado jamás debe hacer lo que pueda hacer el sector privado. Que, ¡oh ironía!, el mercado y el sector privado resolverán por sí solos los problemas de la salud colectiva.

El colofón inevitable de todo lo anterior, es que el Estado debe estar al servicio de los capitalistas privados, que son los que, por sí solos, sin Estado ni trabajadores, crean de la nada la riqueza. Es decir, que el Estado debe utilizar los recursos de la Nación para financiar o garantizar a las empresas. Así, la subsidiariedad del Estado lleva a la privatización del Estado. Una idea que se expande, sin considerar siquiera la dosis de corrupción que, en nuestro caso, ha acompañado la privatización compulsiva de todo.

Satanizar al Estado es una cara de la moneda. La otra, su reverso, vendría a ser la satanización del mercado. A pesar de que es obvio que el mercado y el Estado solo juntos pueden llegar a cubrir un territorio. Que el mercado necesita del Estado y viceversa.

Cuando se recuerda que el BCR o el Servicio Diplomático de la República son eficientes, a pesar de ser estatales, se responde que son las excepciones que confirman la regla. Que CODELCO, la empresa chilena del cobre, funciona bien, se alega que eso es por ser chilena. El transporte público holandés es impecable porque es holandés. Y frente a la seguridad social sueca, solo hay que hacerse los suecos. ¡El colmo de la auto-subestimación!

Felizmente, este sentido común resulta cada vez más cuestionado, por quienes, gracias a la educación y a la inteligencia, disponen de capacidad crítica. El progreso no ha pasado nunca por aferrarse a las ideas fosilizadas del pasado.

More articles

- Advertisement -

Latest article